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EL OCASO DE LOS CABALLEROS Javier Jiménez Cuadros / Grupo Scout San Jorge 245 |
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Granada, durante los últimos años, ha sido un hervidero de nuevas ideas e iniciativas scouts. Iniciativas como Cantar Sin Competir (que fue un renacimiento del espíritu crítico y del debate a todos los niveles), el Festival CompArte (que aunque no acabó de cuajar, fue una suerte de think tank de la acción transversal en el escultismo) o las reflexiones sobre el escultismo crítico del Grupo Fénix nos han dado importante referentes ideológicos y prácticos.
En esa línea de trabajo, lo que pretendemos hoy es llevar siquiera un interrogante sano a alguna convecciones scouts, a nuestro juicio, ineficientes social y educativamente.
Porque siendo realistas, hemos de admitir que el escultismo está en crisis. Podemos tomar como indicador de esto que no aumenta a nivel mundial, como era de esperar, el número de nuevos asociados, incluso en algunas zonas disminuye preocupantemente.
A nivel más cercano, en España, en Andalucía, en Granada estamos en plena recesión. Y es que enfrascados en una rígida concepción del modelo de grupo, estamos perdiendo la dimensión social adoptando una dimensión histórico-familiar. Además, los grupos adoptan una especie de ideología encubierta (entendiendo esto como una forma peculiar de ver y enfrentarse al mundo) que cala en los educandos e impide cualquier debate real y constructivo que se aleje demasiado del “marco ideológico” grupal.
No obstante, pensamos que este problema está implícito en el escultismo tradicional. Alvin Toffler en su libro La Tercera Ola divide a las sociedades en tres olas (revolución agrícola, revolución industrial y revolución tecnológica), que cambian radicalmente todos los aspectos de la sociedad. El escultismo nació en 1907, en la era industrial. En la actualidad estamos inmersos plenamente en la revolución de la tercera ola, la ola tecnológica. Esta crisis es tan profunda que supone un reto a todo lo que hasta ahora se daba por inmutable. La nueva ola exige nuevos valores éticos y morales, nuevas formas de comunicarse y de organizarse, nuevos comportamientos sociales… Nuevas realidades que no pueden surgir bajo valores, metodologías y estructuras del pasado; nuevas realidades que no pueden afrontarse sin una reforma de aquel viejo escultismo.
No podemos hacer lo de siempre con los métodos de siempre, ni hacer cosas nuevas con los métodos de siempre. Es un camino respetable, pero no es en camino scout.
Hay que ir más allá, entender la sociedad nueva con las nuevas formas que esta nos ha traído y andan por la calle. Dejar de pensar el escultismo como si aún estuviera prohibido, como si afuera en los portales siguiera viva la movida. España no es el país monolítico que fue, es hoy radicalmente mestizo; sus referentes están más en California que en Roma, más en Internet que en la Biblioteca Nacional, más en los acordes de Jimmy Page o U2 que en Paco de Lucía o Raphael.
Necesitamos una reforma que rompa el hermetismo actual, que convierta,
como dijo don Antonio Alaminos, a los grupos scouts más que en escuelas
de ciudadanía, en focos de conciencia política y social. Dicha reforma que vindicamos se tiene que articular alrededor de un gran proceso de debate. Debate en dos direcciones: una vertical, de grupos. Otra transversal, en las delegaciones.
Debemos abrir los grupos; convertirlos en canales comunicativos; que las ideas, las iniciativas surjan de esa identidad grupal de la que antes hablábamos y de el contacto con la realidad; que, desde todos los niveles, aporten propuestas para fortalecer el escultismo y enfrentarlo al futuro. Debemos conseguir que cada grupo, cada castor, lobato, scout, esculta, rover, scouter y padre, sea parte activa de este debate. Quebrar el rígido inmovilismo estructural e ir hacia una nueva dimensión de grupo.
El trabajo de las delegaciones tiene que ser más activo: organizar un congreso provincial que recoja, reformule y ponga en cuestión cada una de las propuestas grupales. Y más tarde, llevar ese trabajo final a un gran congreso de la Asociación.
Cada faceta del escultismo debe ponerse en cuestión, pues como dijo el filósofo John Zerzan “debemos poner sobre la mesa lo que penamos y queremos. Si la reforma nos parece adecuada, vayamos a por ella”.
Para que en un futuro no nos lamentemos de haber escogido el nuevo camino demasiado tarde, para que el movimiento scout sigua siendo un dinamizador de la sociedad, para enfrentarnos a este nuevo siglo hagamos debate, hagamos escultismo.
Y así, el 1 de agosto del año 2007 podremos decir que, de nuevo, escultismo es libertad.
Javier Jiménez Cuadros |