BUENA CAZA, DANI

 

Una larga enfermedad sesgó el pasado lunes la vida de un lobato de 8 años llamado Daniel Domínguez.  Él mamó el espíritu Scout porque no podía ser de otra forma, naciendo como nació en el seno de una de las familias más influyentes en el nacimiento, crecimiento y desarrollo del Grupo Lucus-Solis de Sanlúcar la Mayor. Dedico este cuento improvisado como muestra del más sentido dolor de toda la familia Scout del Lucus-Solis, así de como todos los que hemos conocido de una u otra forma, a este lobato que nos ha dicho hasta luego. Buena caza.

 

            La verdad es que el niño no tenía ningún interés en ir. Un hombre que pasó por el parque donde él jugaba, le invitó a ir a otro parque mucho mejor, donde habían más flores, más toboganes, columpios y muchos más niños, pero él no quería ir. El hombre le caía bien, y el hecho de que fuera rodeado de más niños le transmitía confianza, pero la idea de dejar a sus amigos y a sus padres, aunque fuera en un parquecito más coqueto, no le hacía ninguna gracia.

             Como el señor le insistió, él corrió a otra zona del parquecito huyendo de la invitación. Pasó un buen rato jugando de nuevo con sus amigos, sin acordarse de la situación anterior y así se sintió confiado y todo volvió a la normalidad. Sus padres les pintaron las caras y les dieron el bocata. Montaron en el único tobogán que había, haciendo rigurosos turnos y volvieron a rodar sus cochecitos por la arena.

             Sin apenas darse cuenta, el niño volvió a la zona del parque, donde de nuevo apareció aquel hombre. Y mira tú, que aquella zona era la que menos le gustaba, no se encontraba a gusto allí, y de no ser porque habían vuelto a las andadas con el juego, no habría ido hasta allí a esconderse. En esta ocasión el hombre se puso en cuclillas y le habló más directamente aún.

 - ¿Estás seguro de que no quieres venir? Además, dentro de un ratito va a empezar una sesión de títeres en el otro parque. Ya habrá muchos niños allí y si no nos damos prisa nos perderemos el comienzo de la función. Nos han dicho que repartirán globos, que habrá tarta y fuegos artificiales.

             Esto terminó de convencer al niño. Corrió hasta sus padres y les contó todo lo que el hombre le había dicho. Entonces sus padres, lo sentaron en sus rodillas y le dijeron que fuera tranquilo. Que todo aquello era cierto. Que ellos sabían lo de aquel parque, y que no lo habían llevado porque creían que ya habría tiempo para ir. Él les preguntó que si ellos no irían, que por qué no iban todos juntos, sus amigos, todos los padres, y entonces sus padres le dijeron que ya irían, que no se preocupara, que antes de que se diera cuenta, todos estarían juntos en aquel parque, donde la diversión y el juego no darían tregua. Le dieron un beso y el niño bajó de las rodillas de su padre. Aquel ratito con ellos había apaciguado toda las dudas que tubo desde que aquel señor apareció por primera vez. No obstante permaneció unos segundos firme, con los pies juntos mirando a sus padres. Y enseguida se giró, en busca de aquel hombre que lo llevaría al parque más maravilloso que nunca visitó. Mientras los demás niños le iban contando lo fascinante del nuevo parque, él no podía evitar girar su cabeza buscando sus padres a cada paso que daba, hasta que la vista no le alcanzó a distinguirlos.

             Y allí está, corriendo sin parar tras sus nuevos amigos, que le han enseñado juegos que nunca disfrutó. Balanceándose en columpios que casi dan la vuelta y tirándose de toboganes que no necesitan de turnos, porque abundan tanto como niños. Las sesiones de teatro no paran y se le pasan las horas sin reparar en el tiempo. Mientras, sus padres y amigos han recogido y vuelven a casa, porque anochece y la oscuridad invade el parquecito coqueto donde no hay tanta luz como en el otro, donde apenas se distingue si es de noche o de día. Vuelven porque realmente están cansados de tanta briega, y necesitan recluirse en casa y estirar las piernas. Por lo demás están confiados, su niño está en buenas manos porque saben que aquel hombre es de confianza. No tienen nada que temer porque hace tiempo que sabían que probablemente, algún día eso pasaría, que alguien podría invitarlo a ir a ese parque sin que ellos pudieran negarse, y ahora que había llegado el momento sólo podían esperar, a que el tiempo fuera benévolo y no hiciera más dura la espera.

 A Dani, que por fin disfruta corriendo por el parque más bonito que nunca pudo imaginar.